Inundaciones urbanas. Los factores de riesgo en Santa Fe

Riesgos: construcción histórica y social

La ciudad de Santa Fe está asentada en un territorio particular: al estar ubicada entre los valles de inundación de los ríos Salado y Paraná, la mayor parte de sus límites son fluviales y más de un 70% del territorio de la ciudad está conformado por ríos, lagunas y bañados. El río  constituye un patrimonio con enormes posibilidades que pueden ser aprovechadas. En este sentido, Santa Fe goza de una ubicación de privilegio, tanto en términos paisajísticos como ambientales. Pero cada vez que el río crece o se anuncian tormentas, muchos ciudadanos comienzan a preocuparse porque estos eventos han originado inundaciones urbanas.

En realidad, los ríos o las lluvias no son los verdaderos problemas de la ciudad, sino que ambos simplemente evidencian sus problemas de fondo, poniendo de manifiesto las mayores vulnerabilidades; por ejemplo, la permanente planificación “contra el territorio” y no “con el territorio”.

La ciudad fue avanzando sobre terrenos inundables y espejos de agua sin atender a los condicionamientos del suelo. Ese es el origen de los problemas que hoy debemos afrontar.

Un breve recorrido por la historia nos permite comprender cómo ha sido el crecimiento hacia los valles de inundación de los ríos Salado y Paraná. Si observamos cualquier mapa del año 1930, veremos que barrios como San Pantaleón, Pro Mejoras Barranquitas, Barranquitas Oeste, Barranquitas Sur, Villa del Parque, J. M. Estrada, Santa Rosa de Lima, 12 de Octubre, General Mosconi, Solidaridad y Progreso, San Lorenzo, Arenales, Chalet, Sarsotti, San Jerónimo y gran parte de Centenario no existían. Los planos indicaban a esos lugares como “bañados comunales”, es decir zonas bajas que eran ocupadas por el río Salado durante las crecientes.

La ocupación del valle de inundación del río Paraná es un proceso muy relacionado con las obras de infraestructura realizadas en lugares que pertenecen al río, a partir de los últimos años del siglo XIX.

Entre dichas obras pueden mencionarse las siguientes:

1886: Tendido de línea de Ferrocarril Santa Fe-Colastiné Norte y San José del Rincón.
1904: Construcción del Puerto de ultramar de Santa Fe obra que modifica el curso del río; lo que hoy se conoce como Lago Sur era parte del cauce por donde antiguamente corría el río.
1924: Construcción del Puente Colgante, a partir de la inauguración de esta obra se consolida la ocupación “aguas adentro”. 1936: Construcción del camino que une Santa Fe con Colastiné.
1942: Construcción del camino de la costa, actual Ruta Provincial N°1.
1952: Prolongación de la ruta N° 168 hacia el Este, obra que finaliza en 1969 con la inauguración del Túnel Subfluvial.

A estas últimas obras le siguió el proceso de urbanización de islas, islotes y bañados. De esta manera se fue poblando cada vez más la denominada zona de “La Costa” (La Guardia, Colastiné, Rincón, Arroyo Leyes) y sobre la ruta N° 168 se construyeron barrios de viviendas, sedes de instituciones educativas, centros comerciales, etc. Durante todo este tiempo los ríos Salado y Paraná desarrollaron sus ciclos de crecientes ordinarias y extraordinarias, las cuales provocaron daños y zozobra a los habitantes de esos sectores. Por esa razón, en el año 1993 el Estado dio inicio a la construcción de defensas sobre el río Paraná (Barrio El Pozo, Alto Verde, La Guardia, Colastiné, Rincón, Arroyo Leyes) y defensas sobre el río Salado.

Las defensas son barreras artificiales destinadas a evitar el ingreso del agua en crecidas periódicas. Conforman un sistema de protección muy costoso que requiere mantenimiento permanente y que, al modificar el drenaje natural del territorio, dificulta el escurrimiento del agua cuando llueve. Esto hace que deban incluir obras complementarias: lagos reservorios para almacenar y amortiguar el agua de lluvias; estaciones de bombeo para verterla al exterior y una compleja red de drenaje interno para conducir el agua al lugar de espera para ser extraída. En definitiva, cuando crece el río o llueve la seguridad de una parte importante de la ciudad depende de que todo funcione en este complicado sistema que hemos creado.

El río tiene que dejar de ser para nosotros una amenaza, pero para que esto suceda debemos dejar de amenazarlo; es decir, dejar de ocupar áreas que le pertenecen. Debemos incorporar pautas de convivencia más adecuadas al lugar que habitamos; sólo así tendremos la posibilidad de alcanzar un equilibrio entre las dinámicas de lo natural y lo construido. Si somos capaces de reelaborar la relación entre ambos campos abriremos la posibilidad a un sinnúmero de oportunidades.

[Fascículo Nº 5 Aula Ciudad “Santa Fe, la ciudad y el río”]