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La América profunda reflejada en las cerámicas de López Claro

La América profunda reflejada en las cerámicas de López Claro

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“América: barro, pigmento y fuego” se inaugurará el jueves en el Museo Municipal López Claro (Piedras 7352). Se trata de una exposición de cerámicas de César López Claro. Organiza el Gobierno de la Ciudad.

Las cerámicas del período Americano de César López Claro serán protagonistas de la primera muestra de su Casa Museo en 2010. Titulada “América: barro, pigmento y fuego”, la inauguración de esta exposición tendrá lugar el próximo jueves, desde las 20, en el revalorizado espacio de arte ubicado en Piedras 7352. Los curadores de la muestra son la museóloga Vanesa Carli y el Lic. Sergio Gallo. Vale destacar que la muestra podrá visitarse de forma gratuita y el horario de atención del museo es de lunes a viernes de 9.30 a 12 y de 17 a 19.30.

 

 

Desde lo profundo

 

“En esencia, -explica Carli- la muestra apunta a interrelacionar el espacio físico del Museo con el período elegido, respetando la estética de López Claro. Se tomó como base de la exposición la Sala América, cuya composición muralística revela claramente la intención del artista de participar de la técnica, de la temática y también de las formas americanistas fuertemente cromatizadas. Por ello las piezas elegidas guardan estrecha relación con la figura humana, eje central de este espacio, su gente, su vestimenta, sus rasgos físicos y hasta los colores son volcados a las cerámicas y terracotas, dejando traslucir la esencia de una América profunda”. La curadora advierte que “la técnica de realización de algunas obras no estuvo ausente, ya que el museo posee en su patrimonio la matricería originaria utilizada por López Claro en la elaboración de placas y platos, las que son exhibidas junto a la pieza terminada”.

 

 

Barro, pigmento y fuego

 

En un texto especialmente escrito para acompañar esta exposición, el Lic. Gallo reflexiona en torno a la etapa de la obra de López Claro seleccionada para esta muestra. El curador sostiene que en esta renovada propuesta, “resurgen a la luz sus obras cerámicas: platos, figuras, máscaras, vasijas y huacos del llamado período Americano o Postcubista, datadas entre los inicios del cincuenta y principio de los años setenta. López Claro se revela a las etiquetas o encasillamientos ya que en las obras que se presentan surge, con más vigor la raigambre americana. En la tierra trabajada a mano y fuego se manifiesta la vibrante fuerza de las creaciones de los pueblos primigenios, principalmente, de la cultura america-andina”.

En este sentido, Gallo continúa argumentando que “las genuinas creaciones artesanales -muchas veces excluidas- del noroeste argentino, de Bolivia, Perú y Ecuador convergen con nuestro artista. Es reeditada la milenaria tradición alfarera del Puno en los ‘Toritos del Pucará’ fiesta en los tiempos de marcación del ganado de carácter mítico-religioso para asegurar fertilidad abundancia y protección de los hogares. Tampoco le es ajeno el contenido mítico, religioso, histórico y sincrético del Carnaval de Oruro con sus diabladas y máscaras; menos aun las mujeres de Bolivia revestidas a puro color en sus faenas cotidianas. Estas consideraciones resultan más que evidentes en los murales de la Sala América, de 1957/1961”.

Siguiendo esta línea, Gallo recurre a una cita del “prólogo de la muestra ‘América en la plástica de López Claro’ de 1955 en Buenos Aires: Sostenemos, desde hace ya muchos años, que estamos madurando en esta Argentina compleja, aparentemente desconectada del resto de América, pero unida al mismo cordón umbilical que el resto del continente indio común origen de un arte y de un estilo de vida que, quieran o no, duerme y se despierta en la caliente sangre de nuestro pueblo”. Y luego afirma que “la mirada sensible del maestro no es para nada la visión descuidada e inoportuna de un desprevenido frente a lo distinto, muy por el contrario, es el encuentro del Yo y el Otro que podría resumirse en lo dicho por el crítico J. Garbarino en 1964: López Claro indagó el alma y el paisaje de Indoamérica recogiendo las vibraciones de los seres y las cosas, en esa consustanciación vital que nace entre quien va a encuentro de algo y ese algo que se encuentra: dos sinceridades para una verdad”.

 

 

Compromiso

 

Gallo culmina su análisis afirmando que “la obra del artista es la amalgama precisa que se adentra en un profundo juego dialógico mediado por el arte, no claudica con su compromiso social, es también un período de resistencia y vuelve a escucharse el grito de los excluidos. En un país que transita hacia su Bicentenario no deben quedar fuera los invaluables aportes de los silenciados primeros pobladores de nuestra América”. Finalmente, el curador cierra el texto citando a López Claro, quien “señala e interpela: América no sería lo que es, sin ellos y sin nosotros. / El aquí de la tierra nos hermana, la tierra maternalizada nos reúne. / El fuego nos funde y el pigmento nos entrampa. / Los toritos del pukara braman, las especies autóctonas claman. / El cóndor airoso domina el cielo. / La madre tierra, paciente y generosa se regala, / ya algún día seremos recibidos nuevamente en sus entrañas. / La vida  resurge y clama, el pigmento de sangre se aclara. / Los colores de engobes y esmaltes estallan. / América es la nueva tierra y por ende en ella aún habita la esperanza”.

 

 

Sobre el artista

 

César López Claro nació en Azul, en 1912, y murió en Santa Fe, en 2005. Inició sus estudios plásticos junto a su padre. En 1928 se trasladó a Buenos Aires donde completó su formación en la Escuela Nacional de Arte. Tuvo como maestros a Emilio Pettoruti y Lino Enea Spilimbergo, entre otros. Viajero incansable, registró gran parte de Latinoamérica y varios países de Europa.

Altamente comprometido con las problemáticas políticas y sociales del país y América, su obra se estructura en Academicista (1923-1941), Litoral (1942-1954), Americanista (1955-1962), Aformalismo y pos Cubismo (1963-1977) y Nueva Realidad (1978-2004). En 1966 obtuvo el Gran Premio Internacional S.P.A. Bruselas, Bélgica. Es Gran Premio de Honor del LXI Salón Nacional, y es merecedor de todos los mayores premios nacionales, provinciales y municipales que se otorgan en el país. Presidió la S.A.A.P., dirigió el Museo Rosa Galisteo de la ciudad de Santa Fe y fue delegado argentino en numerosos congresos sobre los Derechos Humanos. El 24 de noviembre de 1990 inauguró el Museo López Claro, ámbito creado y donado a la Municipalidad de Santa Fe para exhibición permanente de sus obras dando testimonio de vida junto a María Brizzi de López Claro.

 

 

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Ficha técnica

Inauguración: “América: barro, pigmento y fuego. Exposición de Cerámicas de César López Claro”.

Curadores: Museóloga Vanesa Carli y Lic. Sergio Gallo

Lugar: Museo Municipal López Claro (Piedras 7352).

Inauguración: Jueves 25 de febrero.

Hora: 20.

Organiza: Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad.

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