En la década de los noventa, las medidas de liberalización del mercado, la convertibilidad, el individualismo, ampliaron las brechas sociales, dejando por fuera a personas que día a día engrosaban los números de desocupados. La necesidad le ganó al miedo y los vecinos y vecinas de Barrio Santa Rosa llevaron a cabo el primer piquete de Santa Fe. Sin descuidar los mandatos de cuidado y trabajo domésticos, resistiendo a la doble opresión, las mujeres del Barrio tuvieron una participación activa: cortando la circunvalación, alzando la voz en las asambleas, organizando ollas populares.