Las mujeres tuvieron un rol preponderante en las luchas por la memoria. Una larga historia de valentía, desde las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, la organización de hijos e hijas por la memoria, verdad y justicia. Una historia que aún pasado más de un siglo vuelve a ser interpelada por la memoria de los genocidios del siglo XIX. Allí también, las mujeres de las comunidades originarias asumieron su rol de testigos y denunciantes de los genocidios del siglo XIX y XX, en Napalpí, Rincón Bomba, pero también aquí en Santa Fe, en San Antonio de Obligado y San Javier. Esta baldosa representa simbólicamente dos historias intersectadas, dos, de muchas otras que los genocidios ponen, dolorosamente, en común.